viernes, 3 de junio de 2016

#QueVuelvaKiri

Lo prometido es deuda y aquí estamos para contar el comienzo de toda una relación puerquistica llena de aventuras, alcohol, hombres y desenfreno. 

Corrían los años dos mil once o doce, más o menos, aún yo era un estudiante y el puerco también. Almas jóvenes y alcoholizadas que deambulaban por el mundo capitalino por separado, hasta que Club Kiri nos unió. 

A ver, yo conozco al cerdo hace siglos de siglos, el loquito era primo de una compañera de curso -amiga, y además iba un nivel más abajo que yo en el mismo colegio. Siempre estuvo presente, pero no nos hicimos amigos hasta que el puerco se puso a estudiar en la universidad donde estudiaba una de mis mejores amigas (que también era compañera de curso y además prima mía). Ahí ambos hicieron migas y se produjo una relación triada, entre ella, el puerco y yo, pero no nos hicimos tan amigos enseguida.

Un día, decidimos salir solo los dos, par de colas, sin la prima-amiga y sin nadie más. Ni un ser humano nos apañó así que nos unimos en la soledad y nos entregamos por primera vez juntos al alcohol o quizás salimos con gente y después quedamos solo, la cosa es que estábamos el cerdo, yo y las piscolas. Es jevi porque fue un Match instantáneo, entre piscolas nos reímos, generamos un lenguaje y prometimos no darlo todo porque teníamos clases (obvio que lo dimos todo), y empezamos a potenciar nuestro lado más OnFire. 

Llegamos a Kiri, donde me enteré comenzaron las Barcelonas, (lugar de comienzos), y métale talento, métale baile, métale piscola. El cerdo era un depredador inicial en ese minuto, se las sabia por libro, pero estaba recién escribiendo sus primeras páginas, un súper pollito nuevo.  

PARÉNTESIS

Kiri, difunto Kiri, lugar favorito de un verano. Era jevi esa hueva, after asesinos, con una pista de baile subterránea que sudaba desde las paredes hasta el techo. Vi una mujer desmayarse y pegarse tan jevi en la cabeza que todos los que bailábamos escuchamos el golpe y nos dimos vuelta a mirar (nunca supe si sobrevivió). Cuenta la leyenda que se acabó por un hocicón que botó una bola disco y le cayó en la cara, de puro hueón porque hinchaba con la hueva y después del desastre llamó a los pacos y cagaron nuestros after favoritos. Tantos hombres, tantos colas de distintas fiestas que siempre llegaban ahí. Tanta diversidad, entretención y sobre todo distorsión super tranqui y de la buena. Te extrañamos Kiri #QuéVuelvaKiri 

CIERRE PARÉNTESIS

Resulta que estábamos en la pista subterránea y el cerdo como es sensual, empezó una seducción mutua con un chiquillo. Onda, una de esas seducciones de pistas de baile, con miradas, risas y señales, así como que no quiere la cosa. Entonces, yo pajarón no me di cuenta, y el cerdo me dice: “me quiero agarrar a él” y cuando me dice quien era con el dedo, quedé en shock y le advertí que ese loquito que se quería agarrar era cuático, y que de paso me odiaba con su vida (esa es una gran historia también), así que era mejor que lo descartara. 

Ya po, yo seguro de un poder de convencimiento que desde ese día supe que era nulo, voy tranquilo por unas piscolas y adivinen en qué estaba el puerco cuando volví: obvio, zampándose al chiquillo. “Cresta”, pensé. Con este hueón nos vamos a entender perfecto. 

Filo, hice caso omiso a este agarrón y parece que el susodicho no se percataba de quién era yo, así que me hice bien el hueón y dejé que el cerdo disfrutara de su conquista. Claro, yo no sabía que su conquista terminaría por ser su primera ruptura y peor aún, que terminaríamos en el auto del hueón a toda velocidad mientras el perla trataba de tomar una piscola, manejar, llamar por teléfono y cambiar la música, todo al mismo tiempo y como a 100 km/h. 

La hueva fue jevi, el cerdo jugueteando con este chiquillo y este andaba con su amigo, yo obvio cuándo terminó la hueva quedé amurrado porque no conseguí agarre, no me tincaba para nada el amigo del poncio, así que cero posibilidad de cita post carrete cuádruple y ya me quería ir. Obvio, el cerdo se me pierde (primera perdida de muchas). Yo preocupado y de repente lo veo corriendo y me dice: “Susodicho nos va a llevar a la casa”. Dale, buena onda, pensé.  

Igual yo neura con que el hueón descubriera quién era yo realmente, pero apelaba al alcohol y a mi cambio de look, porque justo en ese tiempo había cambiado mi melena por el rapado, así que estaba apelando a pasar piola. Filo, nos subimos al auto y empezó el viaje más angurri de mi vida (nunca se suban al auto de un desconocido curado). El loquito como dije, iba tomando, haciendo mil huevas a la vez, manejando como el pico y a una velocidad absurda. Yo con el cerdo cagados de miedo atrás, con el cinturón agarrado con una mano y con la otra nos agarrábamos la raja. Me acuerdo que el hueón se metió a la Rotonda Atenas a una velocidad ahueoná y como que rapaba y se le iba el auto a veces (me quería puro morirme). Fue una hueva maligna. Nunca me voy a olvidar de lo arrepentido que estaba de subirme a ese auto. No contentos con eso, el susodicho, para en una Shell porque el amigo de él quería puchos y ahí nos quedamos, y este hueón me empieza a hablar, con toda la luz prendida y me dice: “Yo te cacho de algún lado”. Conchasumadre, este hueón me va a cachar y nos va a dejar botados acá mismo (el cerdo vivía en Irarrazabal, estábamos a la cresta), estaba seguro de eso, de que íbamos a terminar tirados, solos, con frío y alcohol, super indignos, cagamos me dije. 

Yo tratando de avisparme y salvar rápido la situación, le mando un mensaje al cerdo y le pongo: “me llamo José, no la caguí”. Dicho y hecho, yo vendiéndole la poma al susodicho y le digo: “no creo”, soy José X ¿y tú?” y el cerdo muy cuerdo, al escuchar que me llamo José grita: “¡Ay entonces yo me llamo Diego!” (Riendo), mi cara se deforma y la del susodicho que iba medio hecho mierda, no sufre ningún cambio y se queda pensando. Pasó soplá, que alivio, aún nos quedaba llegar vivos a la casa. 

Después de un viaje interminable donde el susodicho ponía a cada rato “Give Me Everything” (canción que inició a Milky en la Homosensualidad, post de comienzos) y nos tenía enfermos, llegamos al hogar del cerdo, yo aliviado máximo, y el cerdo invitando a pasar al hueón. Yo queriendo que esta hueva terminara y el cerdo alargándola (nos pasa seguido y en viceversa también, pero hemos aprendido a respetarnos). El loquito obvio no se quiso quedar, dio jugo y se fue. Terminando ahí nuestra primera noche juntos. Obvio, no fuimos a clases. Obvio despertamos hechosconcha, y compartimos nuestra primera caña. De ahí nadie nos separó.  

El susodicho después de dejarnos chocó al frente de la escuela de carabineros con un árbol (se veía venir). Terminó saliendo con el cerdo un par de meses y cuándo el puerco le cuenta quién era “su amigo”, el susodicho enloquece, le dice que menos mal no se enteró en el auto porque nos hubiese dejado tirados (lo sabía), pero que ya no importaba porque filo “se gustaban”. De ahí el hueón pesé a mis insistentes advertencias hacia el cerdo, le termina por romper el corazón al puerco, y ahí empezó el primer “te lo dije” de muchos (mutuos). 

No sé si lee tan emocionante, pero para nosotros chao que lo fue. Quizás mi estado actual de sueño y cansancio no me deja expresarlo tan bien, pero hueón, esa noche fue jevi, una de las noche más tensas de mi vida. Como cuando una vez con el cerdo terminamos ebrios corriendo por Bellas Artes escapando de los Punkys que jurábamos eran asesinos, para después recluirnos en la casa “de un amigo” (de esos amigos S.O.S que sacaste de cualquier lado) hasta que abrieran el metro. De verdad corríamos por todos lados y para cagarla más, tomamos un taxi en la dirección opuesta con el único billullo que nos quedaba en ese minuto. Fue justo en la época Zamudio así que imagínense nuestro paqueo, nosotros que somos tan rudos, tan masculinos, un tiempo nos vimos ahí tirados hechos pebre. Gracias al cielo y a Homero Simpson no nos pasó nada. 

Hay tantas historias, tantas aún más emocionantes, pero esta fue la primera, la inicial y nos dejó de frontón una advertencia: “ustedes van a morir (literal) pasándolo bien juntos”. Después se nos unió el primo, que también nos ayudo a potenciar nuestra locura (locuras que iré revelando con el tiempo). Idas por la noche a Divino, perdidos en bosques, buscando aventón, dónde dormir o con la rueda reventada y tajeada por unas Leslis asesinas. Viajes, alcoholes, recorridas de miles de cientos de kilómetros por un hueveo intenso. Lo dimos todo y cada vez que salimos juntos (más aun los tres), lo seguimos dando todo. 

Uno típico tiene estos mejores amigos que si los veí te perdí. Me imagino jevi, más viejo ya casado (si lo logro), teniendo estas salidas con el cerdo, escuchando esos comentarios del polebrio que te dice: “¿ya vas a salir con el cerdo de nuevo? Ok, no te espero entonces”. 

Espero tengan ese tipo de amigos. Espero disfruten de sus escapadas al máximo. Lo rico de esta amistad es que sirve para todo, momentos malos, buenos y más o menos. Para piscola, cerveza, un whisky, un vino o un bajativo. Amo a mi puerco y a veces lo detesto (con amor siempre), pero tengo certeza de que esta hueva es para siempre. La vida me entregó no sólo un compañero de copas, sino que un hermano y lo mejor es que me lo entregó tan cola y enfermo como yo.  Además, obvio es uno de los pocos amigos que no me he agarrado. Claro, si a todos los otros los conocí por redes sociales, que se hayan convertido en grandes amigos después es otra cosa ¿A quién no le ha pasado?

Chiquillos, voy a empezar a recibir experiencias como estas, anécdotas o situaciones-quiebres-amores, pero ajenos. La idea es que me envíen cosas, que después van a ser publicadas en mi idioma con una cuestión bien chora en el FanPage (una vez a la semana). No sea tímido aquí no habrán nombres, sólo apodos, porque somos chilenos, somos clase media y somos de apodos. 

Ya tengo un par, así que póngale talento y si cree que no solo le ha pasado a usted cuéntelo, para que recordemos todos juntos, nos riamos y cachemos en el mundo que estamos metidos. 

Eso. 

Los vimos 

#Chao 



<3

<3 <3

<3 <3 <3

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