miércoles, 4 de mayo de 2016

Polémico Primer Motel

Mi pipol, estoy súper contento de recibir día a día sus comentarios y sus alabanzas literarias, ya sea por Tinder, Grinder, Facebook, y Whatsapp. Me llenan de gozo. Ver que además, se acabaron los comentarios mal intencionados reboza mi corazón de alegría. 

Hoy es miércoles y ando polémico. Quiero contar una historia que nos va a llevar a hablar de los MOTELES. ¿Han ido alguna vez a un motel? ¿Con un extraño? ¿Con una pareja? ¿Con un pinche o con un prohibido? Mamá, no te asustes, fue una experiencia de pendejo. Más me asusté yo, pero créeme que todo salió súper “bien” y me comporté como un príncipe (de motel), pero como un príncipe. 

He ido a varios moteles en mi vida, mi comuna tiene hartos, El Triángulo 3, Los Arbolitos, El Continental, El Internacional y varios más e incluso los he usado como referencia para que lleguen a verme (Ja). Son harto distintos entre ellos, tienen todos un estilo bien determinado (lo sé por la web) y he ido a solo uno de esos (adivinen cuál), aunque no me molestaría conocerlos todos. 

He llegado a ir al que queda cerca de la Plaza San Enrique (qué experiencia), al “Hotel Express”, en pleno Los Leones, y a los de Bellavista, e incluso a uno del centro. Sigo aclarándole a mi mamá. Uno vive con gente en la casa, a veces el chiquillo con el que estaí pinchando también. Los moteles son una alternativa bien cómoda, sobretodo cuando el auto se vuelve un espacio reducido y las hormonas se revolucionan, además a muchos fui con Ex’s oficiales. Sería idiota pensar que no tengo “sexualidad” y que no busco lugares cómodos y entretenidos para practicarla. Sigo bajo, pero ya estoy grande. Te amo mami, sígueme leyendo siempre. 

La cosa es que quiero hablar de mi primerísima experiencia en un motel. 

Los sitúo: corrían por mis venas mis 21-22 años, me encontraba yo en Soda con esos amigos que ya no son amigos, bien empoderado, hace poco volvía a estar soltebrio y en esa noche ya con unas piscolas encima, (piscolas de Soda, OJO AHÍ), aún no picaba dando la noche casi por perdida. 

Figuraba entonces, en la tarima del lugar (legendaria tarima), tomando mi infaltable piscola, moviendo mis pies en modo pingüino, cuando de repente, un chiquillo, que con las piscoSodas me pareció bastante encachao (igual medio que tenía mucha labia), me empezó a meter conversa. Me contó qué hacía. Era bien zen y súper interesante, pues cachaba de muchas cosas metafísicas y científicas shuper locas, que yo no tenía idea, se fue en la media volá con el universo y como a mi me calientan los cerebros, caí redondito. 

Luego del primer acercamiento parlante e intelectual, me ofrece un caño y me dice que lo fumemos en el segundo piso, (segundo piso que yo no tenia idea que existía y que resultaba ser como una mansarda larga y delgada con sillones). 

Cuento corto (que quedó más largo que corto), nos fumamos el caño, nos reímos un rato y disfrutamos de la volada como corresponde. No agarramos en ningún momento (todavía). Hasta que de un de repente, de la nada, me dice: “te tinca ir a un motel”. Yo pendejo choro, no lo pensé mucho y le dije que me tincaba. Como estaba bajo los efectos del alcohol y la droga, llamé a mi amigo para que subiera y como él estaba aparentemente más sobrio, le dejé la misión de decidir  si el loquito se veía bien para la aventura, porque yo en ese minuto podría estar tomando una muy mala decisión, influenciado por otro Werner. 

RESULTÓ, que el amigo que ya no es amigo, le dio el visto y le gustó. Así que nos fuimos, yo y el hombre a caminar por todo el barrio buscando un fucking motel. Le dije que jamás había ido a uno y que me resultaba una experiencia en suma enriquecedora. Así que él se dedicó a hacer las gestiones, y a llevarme por TODOS los lugares buscando moteles, que siempre terminaban por estar llenos (una mierda porque odio caminar mucho). 

El cobro, que al parecer no pensaba rendirse, me hizo caminar y caminar hasta que llegamos a Bellas Artes, no recuerdo nunca el nombre, pero ya sé cómo lo reconocerán (y no me van a creer, pero un pinche de uniforme también me llevó ahí, así que asumo que es conocido). Las paredes son verde flúor y es bien cola. Se ve súper tránsfugo y su fachada es una puerta blanca. 

Por el precio, yo pensé que sería limpio, pues el Triángulo Tres cuesta con suerte 10 lucas más y es bastante decente y hasta tiene habitaciones con temática.  

El susodicho fue un caballero (habrá tenido 27), pagó, compró lo que hacía falta y pidió un par de piscolas. Subimos y yo aún bajo los efectos del contexto, el momento, el alcohol, las drogas y el aura de una primera experiencia en un lugar de paredes verdes (y azules en las habitaciones), me senté en la cama un poco nervioso. Me hice el valiente y nos pusimos a tomar, a fumar y a hablar. 

HASTA QUÉ, de nuevo de la nada. El susodicho me dice algo como: “Háblame de tú papá” / “¿Tienes problemas con él o no?” 

Quedé en blanco. Lo miré, miré mi alrededor y entré en pánico. Pensé cualquier hueva, me fui en una volá muy miedo.  Pude salir corriendo, pero en ese minuto, no existían ni Uber, ni SaferTaxi, ni siquiera el puto Waze, el mapa, NADA. Eran las cuatro o cinco de la mañana y en ese estado yo no tenía idea dónde cresta estaba, sólo me quedó hacerme el hueón más hueón del mundo. 

Pensé en el por qué de la pregunta, pensé en que quizás, ahora el tipo tan agradable, sacaba un látigo o unas esposas (o un dildo) y me cortaba en pedacitos y me quemaba con acido en la ducha (exagero obvio, pero me dio miedo). Pensé en mi papá, en que efectivamente en ese momento teníamos unos problemas y nuestra relación estaba tensa. Pensé en qué responder y sólo atiné a decir: “obvio que no, me llevo regio con mi papá” riendo como los idiotas, creyendo en mi locura, que con eso materia cualquier fetiche intrínseco a una pregunta tan bizarra.  

Él insistente pregunta: “seguro” y yo más asustado insisto en que sí, que estaba seguro. Claramente el guachito me mató, pero es que todo lo que se llama “pasiones”. 

A quién cresta se le ocurre indagar en la relación que un extraño tiene con su progenitor en un MOTEL DE MURALLAS VERDES FLUÓR Y AZULES. Qué hueva pasó por su cabeza en ese minuto. No lo sabemos, pero cresta que me asusté. De loco, pero sentí miedo. 

Me hice el hueón, nos dimos un par de besos, una que otra corrida de mano y pum “me dio sueño” de la nada, preferí no completar la acción. Quería irme luego de ahí, salir de un lugar que me parecía tétrico y peligroso. Yo igual, seguro de que mintiendo todo saldría bien. 

Nos levantamos en la mañana bien dichosos y salimos caminando hasta el metro Bellas Artes que increíblemente estaba muy cerca. Nos pedimos los números y aunque suene maraca, (lo es, pero a quién no le ha pasado, más cuando has pasado una experiencia medio que trauma). Le pedí nuevamente el nombre, pues claramente no me acordaba. 

Bueno, después de unos días caché que evidentemente ese no era ni su número ni su nombre (mariconcillo pensé), así que ahí quedó la primera experiencia. 

Tiempo después y aquí viene la parte buena. Yo estaba viendo la tele nacional y CRESTA, ahí estaba el joven extraño, con nombre errado y número errado saliendo en la tevé. 

Un nuevo rostro televisivo (en esos años), que no todos conocen, pero que yo en ese minuto sí conocía. Claro que ahí muchas cosas me hicieron sentido y pensé en que quizás el loquito sólo había visto mi aura o qué se yo, quizás necesitaba indagar en el tema en general para alguna investigación o guareva. La cosa es que eso hizo que mi primera experiencia fuese aún más extraña y que nunca, pero nunca la olvidara. Espero él sí la haya olvidado. Pues no es lindo hacerle eso a un “casi puber”. Obvio que ahora río a carcajadas y lo cuento porque me parece súper chora. 

Así fue como le perdí el miedo a los moteles, y confieso que las sabanas siempre me dan asco, pero al final me terminan importando un bledo. Siempre las hormonas pueden más. 

Así empecé a indagar en el mundo motelistico y quizás hasta se me pudo convertir en un fetiche. Javi igual. 

Existen los Triángulos 3, los Plaza San Enrique, que se llega en auto y hay una confidencialidad completa. Existen otros, más entretenidos, como el Hotel Express, en pleno providencia residencial, con vidrios tapados y que parecen edificios normales, pero a los que se entra a pie y hay que pasar por una recepción. Lugar de reunión donde uno se tiene que topar con gente ejecutiva, con parejas que se van a pegar un pollito al velador, con amantes, y también con casados que quieren experimentar. Con gente que mira al piso y otros que te miran sonriendo (así debería ser si acaban de sentir el Kaboom, no sienta vergüenza, salga sonriente del motel). Te encontrai con recepcionistas colombianos o venezolanos que son un amor, y que te miran sin juzgar. Es más, como que te alientan a pasarlo bien.  

PARÉNTESIS

Una vez con el exodiado (con él fui a la mayoría), lo llevé para el Hotel Express, (sí pagué yo esa vez, quiero decirlo. Macho proevedor. Yeah), en esas etapas de quiebres (típico) y se me quedó el reloj. Lo guardan y lo devuelven, así que muy recomendado. El problema es que, como que se maldijo la hueva de reloj, (es el mismo reloj esperado y buscado que vivo perdiendo o que una vez dejé a propósito). Si se me queda el reloj devuélvamelo en silencio y corra. Escape. Yo lo haría. Quizás lo haga. 


CIERRE PARÉNTESIS

Están también estos moteles de centro, unos que son bien colas, otros que no lo son tanto. Nunca me han discriminado por coliwi en ninguno. Hay algunos que salen hasta seis lucas las tres horas, o quince lucas el medio día. Unos que dan un poco de asquito y otros que se mantienen piola. En estos, más centricos, sí te encontrai gente chora. Gente alta, afroamericana. Bajos, gorditos. Centroamericanos, chilenos, peruanos, gringos, hay de todo. Hay gente que te sonríe nerviosa, gente que te sonríe dichosa y otras que andan apuradas y como si fuesen super estrellas.  

Más encima, hay algunos Moteles en los que tení que esperar que te atiendan o que vean disponibilidad, entonces el pasillo o la “recepción” se transforma en toda una experiencia. En todos sí te llevan muy cordiales a la habitación y en todos te dan una atención o un maní, maní al que todavía no le he podido dar un uso (Ja). 

Es curiosa la actitud de la gente en los moteles, debe ser toda una experiencia trabajar en uno. Incluso, en uno de los que fui, me puse a hablar con la recepcionista de lo ridículos que me parecían algunos precios. Ella me hablaba de habitaciones para diez personas, donde había Jacuzzi y bañera en la terraza, un servicio más entretenido. Me insistió en que se usaban mucho, deduje que el “Swinging” se practica más de lo que creemos, que las orgías abundan y que la gente está mucho más atrevida. Me alegro por ellos, exploren su sexualidad, disfruten y usen las bañeras en el balcón y píongale talento.

Si usted va a un motel. Salga siempre sonriente, pues si sale mal, asustado o enojado de un motel, resulta ser un insulto para aquellos que no tienen sexo.  

Eso mi gente. Me gustan los moteles, siempre que la ida salga de la nada y con fugacidad, (que sean limpios también es un súper plus). Me gusta la experiencia de esa, por así decirlo: “espontaneidad de llegar a un motel” sin antes pensarlo. 

Consejo el motel siempre resulta mejor si no es planeado. Ahora, siempre quise conocer El Valdivia, malditos aquellos (dos) a los que les dije que fuéramos y no prendieron nunca. Pacatos. Así que si alguien sabe dónde cresta se van a poner ahora, me avisa para ir a visitarlo, aunque sea solo. 

Para los que les de asco el motel, (es súper común). Las sabanas no siempre se usa, es más casi nunca. Las duchas las podemos usar y para evitar el temido hongo o infecciones de pie, puede siempre poner una toalla en el piso de la ducha. Si quiere usar un Jacuzzi y Lysoform es bacán y tiene un spray que cabe en cualquier bolsillo. Todo se puede desinfectar. 

Eso, atrévanse y disfruten. Un saludo al chiquillo que me inició en esto de los moteles. Un saludo a los que me han llevado a los peores y a los mejores. (Suena a multitud pero creanme que no es así). 

Ahora entiendo porque el cerdo, me dice que escribiendo en el blog, nadie ma va a tomar enserio, pero el que no haya ido a un motel, mejor que ni salga conmigo. Eso. 

(El logo es del Triángulo 3) <3

#Chao


Harto verde,
Harta pileta


Toda la Onda el </3



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