Aquí estamos, con un Milkyway y un pucho, tratando de apaciguar mis hormonas y mi estado mental estilo Blue Jasmine, recordando experiencias sensuales.
Bueno, ahora estoy bastante más dichoso que ayer, gracias al que hizo de mi día oscuro un día más claro. Los martes como que el ánimo está bastante mejor. Lo tendré en cuenta para el próximo lunes negro y que aunque sea un desastre, a veces lucido, soy igual de bueno o mejor.
Bueno, el otro día estaba hablando con un amigo y resulta que llegamos a la conclusión que a pesar de la libertad sexual con la que se vive hoy en día, en nuestro largo y querido país, aún existen hombres casados (sobre 30 años, obvio) que buscan relaciones clandestinas con personas de su mismo sexo, aún teniendo señoras e hijos. Situación que antes era pan de cada día, hoy sigue pasando más de lo que nosotros creemos (mi amigo me contó de al menos cinco Tinder amigos que escondían su matrimonio), cuático. Resulta además, que en nuestro mundillo, tan tránsfugo como querido, es aún peor y ocurre también seguido, que hombres que llevan relaciones largas (sobrepasando los 5 años), liberen su relación y la revivan teniendo relaciones sexuales con terceros (juntos o separados) con el completo consentimiento del concubino. No los juzgo, pero espero jamás pillarme con un marido que quiera practicarla, porque no comparto.
Yo, como les dije anteriormente, no es que sea un santo, y no es que nunca haya caído en estas relaciones exclusivamente sexuales con algún hombre “en una relación abierta”, pero después les cuento esa historia. Ahora les quiero contar de un muy querido amigo al que llamaremos El Célibe. Como para comparar el tipo de experiencias y patentar una teoría que expongo a continuación (y en el título).
Pasa que el Célibe, no sólo se metió en una relación con un hombre que llevaba meses pololeando (y que no era abierta), sino que además, nuestro querido amigo, no tenía “intimidad” hace ya bastante tiempo, y cuando la tenía, confesaba que su libido se bajaba y estaba media traumada, sin motivo aparente, impidiéndole llevar a cabo cualquier experiencia sexual y libidinosa. Una situación que a más de alguno le habrá pasado, y que es como el infierno o como no poder fumar cuando estas resfriado. Una mierdita.
Entonces, nuestro Célibe, con tan mala suerte, conoce a un chiquillo por las redes sociales, (dinámica tan de moda hoy en día), que le llama la atención y para acrecentar su desafortunada situación, el chiquillo este, que le había gustado estaba pololeando. Filo, luego de hablar, se juntan igual, se toman unos tragos y pasa lo que tenia que pasar. Más desafortunado el Célibe que dejó de ser Célibe después de mucho tiempo y comenzó a disfrutar del sexo con su hombre prohibido. Pues confiesa que fue con el único que en mucho tiempo sí tenia una relación sensual desenfrenada y placentera. ¿Triste no? Obvio, todo termino mal y el Célibe se quedó sin su consolador humano. Un besito para el Célibe, ya encontraremos un hombre para que nos lleve a recorrer el mundo en cuatro patas, en dos y de cabeza.
Entonces mi pregunta teórica es: ¿El hombre casado, realmente sabe más bueno?
Chiquillos, les voy a ser totalmente honesto igual que Garibaldi y con esto seguro, voy a perder todos los puntos y posibles futuras relaciones, pero sí. Sabe harto más bueno. El sexo es mucho más apasionado y sobre todo mucho más extremo y ya nos contó la Valdebenito en el Festival de Viña, que existen dos tipos de amantes, una tonta y una extrema, y claramente acá no queremos quedar como los tontos, así que quedamos como los deleitosos y extremos. Si finalmente sexo es sexo, y nadie puede vivir sin él. Ya ven lo que pasa con algunos curas.
Ojo, que esto es serio, no practico la infidelidad, dejo en claro que nunca he sido completamente infiel, más allá de una miradita para el lado muy sana, pero tampoco he sido tan hueón en la vida y no he tratado de optar por nuevas experiencias siempre y cuando no se dañe a un tercero.
Entonces, mi historia en relación a lo anterior parte así: estaba yo recién terminando una relación tormentosa, cuando entro a Grindr y un chiquillo (no tan chiquillo) me “informa” que no está buscando pareja, que ya la tiene hace más de 100 años, y que busca divertirse con el consentimiento de su ahora “marido”. Yo muy educadamente le respondo, que me parece una buena idea, pues yo estoy buscando sacarme a mi ex del cuerpo y no me vendría mal una experiencia nueva ya que me encuentro (al igual que ahora) con el termómetro en números rojos.
Cuento corto, entre dimes y diretes, un día equis partimos y nos comimos el emblemático plato nacional: “pollito al velador” y soltebrios míos, ¡QUÉ pollo al velador nos comimos! (No mejor que el filete que me he estado comiendo, obvio). Lo pasamos increíble, entre un par de tragos y un pito, lo dimos todo, conversamos y hasta dormimos. Fue como una relación momentánea en la que para colmo no sentí culpa, si supuestamente su pololo, sabia que el susodicho se estaba comiendo más de un pollo al velador, en sus ratos libres. (Mejor me sentí incluso, cuando tiempo después, el mismísimo esposo del susodicho -sin saber quién era yo- me habla por las redes, para seducirme aludiendo a que estaba soltero hace años, cosa que yo tomé como una señal de que finalmente no hacia nada malo).
Resulta que así repetí la dinámica un par de meses, llegando el susodicho a ser aveces el único Kaboom (sexo) que vivía en el periodo. Siendo así como aprendí que el hombre casado sabe más bueno, y que realmente, mientras el tipo tenga permiso usted no está haciendo nada malo. Teniendo antes prejuicios frente a estas situaciones o relaciones abiertas. La cosa es que mientras el chiquillo con el que YO esté no quiera practicarla, estamos bien. Allá todos aquellos que quieran tener múltiples parejas.
El ejemplo del Célibe lo puse porque el pobrecito, solucionó sus problemas sexuales gracias a la adrenalina que provoca un hombre casado. Es cierto, cuidémonos entre nosotros y no nos caguemos con nuestros pololos, pero si el huevito quiere sal y usted tiene sal de sobra, hágalo mientras no se enganche y tenga claro que las relaciones de a cuatro son netamente sexuales. Tenga cuidado además, porque el hombre casado y amante a escondidas, siempre va a fomentar una relación, mientras que el amante con consentimiento no lo va a ver más que para un Touch & Go, y depende de usted que la cosa no cambie y se ponga sentimental. No sea hueón, manténgase al margen, si el no tan lolito, lleva años de relaciones clandestinas, existe una posibilidad muy baja de que sea usted quien lo enganche y le quite las mañas.
Ahora, si me parece deplorable el tema inicial de los hombres casados y con familias. Eso sigue siendo feo hoy como lo fue hace más de 30 años. Es heavy que siga pasando aún estando en un mundo mucho más abierto que el anterior. Es curioso igual, porque a medida que uno se va acercando a los treinta o pasándolos incluso (no es mi caso obvio), empieza a ver más gente que vive esta dinámica tan mierdilla. Ahora, no avalo la infidelidad, pero si a usted le resulta, es su tema. Yo en mi experiencia no le estaba haciendo mal a nadie, es más, traía siempre beneficios.
Resulta sí, y me llama aún más la atención que se haya perdido en este mundo tan liberal y divertido, la necesidad de la pareja monogama. Insisto que cuando uno está soltero reniega de querer un hombre al lado, pero ¿Quién no quiere esa cucharita de domingo, ese abrazo al llegar a casa y ese escaldasono de pelos para el invierno? Prefiero mil veces ir a practicar el sexo arriba de un cerro, en un flotador al medio del mar, o en una plaza, para reactivar mi sexualidad con mi pareja, antes que tener que pedirle a un tercero que haga la pega por mi. Sean autosuficientes.
Eso, como el hombre casado sabe más bueno. Tengan miedo y cuide a su marido, cuide a su pololo y si usted es el amante DISFRUTE MIENTRAS PUEDA, pero no rompa hogares que para eso existen otros.
| NOS ENCANTA MILKYWAY (Nuestro mejor ansiolítico) |
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